Vas a la tienda y te encuentras una amplia gama de productos extranjeros. Enciendes la televisión y muchos programas son realizados en otros países. Vas a una playa y te encuentras turistas provenientes de diversas latitudes. Todo se mueve… Personas y mercancías… ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿A dónde seguirá?
La movilidad es seguramente el signo más claro de la globalización. Las personas y los productos se mueven alrededor del mundo cada vez más fácilmente. Por un lado está la tecnología que constantemente hace más fácil, barato y cómodo para las personas ir de una parte a otra. La tecnología también permite mantener el control de lo que está en movimiento. Sin la tecnología de la información simplemente no podríamos imaginar que los productos salgan de una fábrica en China, de ahí vayan a argentina donde son ensamblados, y al final lleguen a las tiendas en Europa. Tampoco podríamos asegurar que los viajeros recuperen sus maletas después de darle media vuelta al mundo.
Pero la movilidad también se ha vuelto posible gracias a las negociaciones de gobiernos soberanos. Venimos de una historia en la que las fronteras impedían el movimiento de productos y personas. Ya fuera para que los gobiernos ganaran algún dinero o para proteger a sus productores locales o simplemente para controlar mejor a sus ciudadanos, lo cierto es que la eficiencia de la tecnología no sirve de mucho cuando una frontera se ha cerrado y vuelto infranqueable.
Afortunadamente, los beneficios del intercambio en general han logrado convencer a los gobiernos para que faciliten la movilidad de mercancías y personas. Son negociaciones que empezaron primero entre países vecinos y han ganado complejidad. Hoy en día existe en el mundo una red de instituciones internacionales ocupadas en diversos aspectos de la apertura de los países y con miras a facilitar los intercambios económicos para que sus beneficios puedan concretarse y distribuirse mejor en el mundo.
Este mes de junio la actividad de algunas de las instituciones internacionales se intensificará. Una de ellas es la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la OCDE. Aquí se reúnen las 30 economías más importantes del mundo con el fin de buscar y aplicar medidas coordinadamente que puedan acelerar el desarrollo. Uno de esos países es México.
Para asistir a la OCDE en sus reflexiones y resoluciones existen dos grupos de consulta. Uno es el Comité Sindical Asesor de la OCDE, TUAC por sus siglas en inglés. Aquí están representados los trabajadores. El otro es el Comité Asesor Empresarial e Industrial o BIAC por sus siglas en inglés. Coparmex participa en el BIAC.
Este junio la OCDE tendrá una reunión de los ministros de los gobiernos que la forman. De México asistirán los secretarios de Hacienda, Agustín Carstens y de Economía, Eduardo Sojo. Previamente habrá una reunión de consulta de la OCDE y sus dos comités consultivos: el TUAC y el BIAC. Ahí se presentará una declaración que aprobaremos antes en la asamblea General del BIAC.
Más importante que la diplomacia, las reuniones en las que tomaremos parte, serán las decisiones que finalmente se tomen por los ministros y secretarios de estado que participarán en esta próxima reunión de la OCDE.
Ya te puedes imaginar lo complejo que es llegar a acuerdos en estas ocasiones. Sin embargo, lo que ahí puede parecer un pequeño acuerdo en nuestros países puede significar más oportunidades de empleo para muchas personas.
Por eso Coparmex participa en estos foros y contribuye a que los acuerdos y resoluciones que se alcancen permitan beneficios para México y obviamente mediante una negociación, también para los demás países de manera simultanea.
Así que la próxima vez que uses tu celular diseñado en Finlandia, o prendas tu televisor armado en Corea, o simplemente andes de viaje en otro país piensa en Coparmex, tu organización y todo lo que estamos haciendo para contribuir al desarrollo de México… sí; también en los foros internacionales.