Según estiman los expertos, cuatro de cada diez pesos de los ingresos del gobierno vienen de PEMEX y de lo que los consumidores y las empresas pagamos por productos de esa empresa.
Otros dicen que gracias a esta forma de financiamiento no ha sido necesario elevar aún más la carga tributaria en México. Afirmación que habría que cuestionar si consideramos la ligereza con la que se ha llegado a manejar el presupuesto público y los privilegios que hoy lo sobrecargan.
Tampoco hay que olvidar los ingresos que la economía mexicana probablemente deja de producir por ineficiencias en el abasto de energía y la falta de competitividad de abasto.
En el mejor de los caos, si PEMEX ha servido de “solución” al financiamiento público, tampoco ha sido sin consecuencias para la paraestatal. A pesar del negocio que significa producir un barril de petróleo por unos cuantos dólares y venderlo por más de 80, hoy PEMEX es una empresa endeudada y descapitalizada, como lo demuestra el hecho de que las reservas petroleras, su inventario, se hayan reducido actualmente a unos 9 o 10 años de producción.
Estas ya razones suficientes para expropiar al petróleo de las manos de la Secretaría de Hacienda. Si algo significa la “soberanía energética”, que “el petróleo es de los mexicanos” e “ingresos petroleros como palanca del desarrollo” es para que este recurso natural realmente sirva a los propósitos del desarrollo y la prosperidad de los mexicanos.
México no es el gobierno, ni los partidos políticos. La nación es cada uno de los mexicanos. Como nación, de nada nos sirven los 11 o 12 barriles de petróleo que nos tocarían al año. Eso es lo que hemos venido haciendo, cuando usamos esta riqueza para pagar gasto corriente y repartirla a cambio de popularidad y votos.
La energía realmente sirve cuando la usamos para producir más riqueza. El verdadero valor de un barril de petróleo no son sólo 80 dólares que nos pagan en el mercado por él; sino los 800 dólares de PIB que producimos con esa energía. Son bienes y servicios para satisfacer necesidades, pero también para educar e invertir de cara al futuro.
Si el petróleo realmente ha de ser de los mexicanos, entonces tienen que servirle a la sociedad hoy y en el futuro. De otra manera será una más de esas frases huecas, en las que se han perdido tantas oportunidades y esperanzas de los mexicanos.